lunes, 19 de noviembre de 2018

Las diez películas


Yo no soy muy de ir al cine, aunque me gusta el cine, faltaría más. Ir al centro comercial para mí es algo odioso, más acompañado de esa gente que come palomitas casi por obligación. Además es caro. Ir al cine es un lujo, reconozcámoslo. Antes era diferente, con trailers, acomodador y anuncios de selecta nevería.
Un amigo de red social me pide saber mis diez películas favoritas, ahora que tanto se lleva eso de etiquetar a alguien con los diez filmes que más te hayan impactado. Y ya que Francisco Javier es tan gentil y tan amable, que quiere saber mi selección y mis porqués, para él va este artículo, con todo mi agradecimiento y mi cariño.

Recuerdo la primera vez que ví Grease; fue en un cine de Triana que ahora es un supermercado DIA. Lo recuerdo perfectamente,  ya que fue uno de los días más importantes de mi vida. Tendría unos ocho años, vestía de uniforme del colegio y jamás, me ha vuelto a impactar tanto una película como esa. Mi madre siempre me cuenta que tuvo que quedarse al segundo pase de lo que me había gustado. Secretamente, reconozco que me encantaría ser como ella y transformarme; pantalón apretado, hombros al aire y chupa de cuero al hombro, para tirar la colilla y pisarla comiéndome el mundo, con un taconazo rojo que deje ver los dedos de los pies. El “aicanyudemondoplayer” es la transformación más grande de un ser humano, ríase usted de la palomilla y la mariposa. Ahora que Travolta, (Oh Danny) y Olivia (Sandy my Darling), peinan canas como yo, tras haberla visto más de veinte veces,  saberme de memoria parte de los guiones, el momento exacto del comienzo de las canciones y todos los movimientos, bailes y otras hierbas, reconozco que Grease es, la gran película de mi vida. La primera nominación por tanto, es para mí.

Los puentes de Madison; para mi madre, porque en todas las mujeres hay una Francesca y porque hace falta mucho valor para no tirar del picaporte de la puerta de la camioneta, mientras ves cómo la cruz cuelga del retrovisor del coche del fotógrafo. Esa facultad innnata de mujer valiente y sacrificada es cualidad digna de aquellas que están hechas de una pasta especial, como mi madre.

Los girasoles, porque es mi película favorita entre todas las películas, para mi hijo Jesús, que tanto le gusta el cine con mayúsculas. De las lágrimas, (y de las piernas), de Sofía Loren se aprende más cine que en ningún sitio. Es la película del alma de quien escribe, con una banda sonora que por mucho que la escuches, te arranca siempre una lágrima al recordar a esa Giovanna desesperada en busca de su Antonio por la estación rusa. La escena del tren entre los cordeles de ropa al sol ruso, no tiene parangón. Y esa tortilla de veinte huevos…

El paciente inglés, para mi tia Anita, que me recuerda a la bondad y la inocencia de la enfermera, Juliette Binoche. Esa navidad entre calores saharianas con ese desmayo tan bien fingido y ese dedo bajo la tiranta del sujetador escondidos en ese rincón de la embajada ha sido lo más elegantemente erótico que he visto en el cine. Permítame que le hable de los vientos…

Bienvenido Mr. Marshall, para mi hermana Rocio, porque la ironía de Berlanga supo meterle un gol a la censura franquista que de sentido común y neuronas, iban escasos. Esa genialidad y ese sentido del humor tan personal es patrimonio de la inteligencia más exquisita, como le ocurre a ella. Y aparte, el papelazo de Isbert o Manolo Morán; es punto y aparte.

El turista accidental, para Enrique, porque siempre hay quien está dispuesto a cambiarte la vida, a virar el rumbo, a darle el sentido necesario a una nueva perspectiva. Porque siempre hay un motivo para empezar, porque la vida siempre es maravillosa cuando se trata de reiventarse, porque se puede estar solo acompañado, y no acompañado y solo como el protagonista. Con esa película aprendí mucho de soledad y sufrimiento, algo que con él, desaprendí al momento. La paseadora de perros, un personaje brillante con merecidísimo Oscar a Geena Davis y la seriedad e impasibilidad de William Hurt, magistrales.

Hannah y sus hermanas,  para mi compañero Javier, porque hay personas capaces de recoger el universo de los miles de mundos de Woody Allen, como él sabe. Y porque es un excelente actor, de la misma manera que los es Michael Caine con sus gafas enormes, su pelo ondulado y su atractivo tras la gabardina escondiéndose por las calles de la metrópoli. Una película donde descubrí la música de Johann Sebastian Bach y que me reenamoró de Nueva York, por enésima vez más.

La hija de Ryan, para Ester, porque supo ver Irlanda con mis ojos, mientras la recorría con su caravana y su maravillosa familia deteniéndose en la península Dingle para que yo me transportase a los escenarios reales de una película que me enamoró por ello. Sus paisajes son absolutamente maravillosos, un lujo para la vista. Una película para ver en el cine, sin lugar a dudas, y sentir la humedad de la costa sur de Irlanda desde la butaca.

El sur, de Victor Erice, para mi Adriana. Quien mejor sabe entender ese sur que no se encuentra en los mapas. Una joya de la literatura muy bien llevada al cine. La  escena de la niña convertida en mujer, subida en una bicicleta, de lo mejor que se ha filmado en cuanto a tiempo y espacio, que como dice Antonio Vega, juegan al ajedrez.

Memorias de Africa, para mi sobrina Lola. Es pequeña todavía, pero ya tiene carácter y personalidad, como la Baronesa Bixen. Me enamoraron la historia, la fotografía y los muebles, y ese beso de año nuevo, o ese lavado de cabeza de Robert Redford… no creo que se haya filmado nada más romántico en la historia del cine.

Se quedan atrás El verdugo, ¿Qué fue de baby Jane?, Dublineses, Operación Secretaria, Manhattan, los Commitments, Babel, Plácido, Una giornatta particolare, Todo sobre mi madre, Eva al Desnudo, Se acabó el petróleo, la rosa púrpura de El Cairo, El Crepúsculo de los Dioses, Persuasión y El Padrino (II), junto con sus nominados y nominadas, que estarían perfectamente identificados en algún personaje,  pero eso ya, sería otra historia.