lunes, 31 de diciembre de 2018

Tiempo


Este año no pensaba hacer balance, pero una carta recibida en mi buzón me ha hecho reconsiderar dicha decisión. A punto de recibir al año nuevo mientras le miro la cara a Leonard Cohen en un marcapáginas que me mandan desde Cádiz, pienso que lo que realmente deseo para este año que llega es un propósito; tiempo.
Quiero tiempo para disfrutarlo, dejando de hacer aquello que me lo roba o que me hace malgastarlo. Quiero tiempo para mis pocos amigos, a quienes apenas veo por falta de tiempo. Quiero tiempo para mis padres, para ordenar mis marcapáginas y para hablar con mis hijos, para oírles, para escucharles. Tiempo para pensar mientras pedaleo y para estar con él, que sabe cómo hacerlo inolvidable, y quiero tiempo para oír mi música, para volver a coger mis acuarelas y para cumplir cincuenta magníficos años contando puestas de sol en Sanlúcar, y para no malgastarlo, siendo valiente eliminando aquello que me sobra. Hice un receso universitario para prepararme unas oposiciones, pero es que yo no quiero ser funcionaria, yo lo que quiero es ver como dan las diez de la noche sin la sensación de haber perdido siete horas de vida en mi trabajo. Y me duele reconocer que la Facultad que tantísimo me gustaba, acabó desilusionándome porque no supe entender que son indisolubles la literatura y la lengua. Es como sacarte el carnet de conducir; no es obligatorio saber a la perfección la mecánica de las bujías para poder conducir un coche, pero para ser Filólogo es más necesario conocer a Chomsky y los alófonos que a Neruda, Cortázar o a Sor Juana Inés de la Cruz.
Yo lo que quiero es tiempo para pasear por el centro mirando azoteas, anhelando el día en el que viva en una de ellas gracias a la literatura o a una buena primitiva y tiempo para leer y para escribir, ya sea de la vida, del amor, del Real Betis o de lo bien que se mueven los pasos andando sobre los pies. Por eso, con permiso de Leonard Cohen, este año no haré balance, voy a proponerme únicamente disfrutar del tiempo, leer todo lo que dejé pendiente y escribir para mí, ya sea en esta azotea o en ese libro de relatos que me ronda la cabeza y al que tanto he postpuesto por cosas que verdaderamente lo único que hacían eran quitarme tiempo.