lunes, 20 de marzo de 2017

Primaverantes


De una primavera a otra, parece ser que la pauta la determina la música. Se nos fue Chuck Berry, curiosamente en la frontera entre la estación de Vivaldi y el día del padre, dejando huérfano a Johnny B. Goodge y a una buena parte de la música. La pasada primavera, que en mi corazón afloró de la misma manera que los cerezos de Neruda, la recibí a los sones de "Soleá dame la mano" mientras mi infancia doblaba la esquina de Alcázares para enfilar Santa Ángela de la Cruz, dejando esquinas con nombre propio y de nuevo, la sensación incomprensible de ser un año más vieja y a la vez, más joven. Era Domingo de Ramos, y la primavera aparecía oficialmente en todos los sentidos. Ahora flota algo diferente en el ambiente, que lo mejor no está por llegar, sino que ha llegado, como decía Morales Padrón; es tan dulce esperarte y soñar tu llegada que no quiero que llegues, quiero oírte llegar. Me lo avisó el almanaque esta mañana mientras me tomaba el café con la mirada fija en mi pájaro, quien se paseaba de un lado a otro dentro de la jaula. Quizás también él esté primaverante, se percibe, se palpa, se intuye; están las almas revolucionadas, consecuencia de ser o de vivir en esta ciudad tan Sevilla. Ayer ya me lo anunció la expectación latente en los ojos de aquellos y aquellas con los que me cruzaba, mientras caía la tarde entre los soñados tejados del barrio de la Feria, donde espero que la vida me facilite la satisfacción de algún día, poder tender mi ropa al sol de San Juan de la Palma. El olor y la expectación de estos días es indescriptible, huele a azahar y a ilusión, a algarabía de veladores, a pasos sobre adoquines de gente que va o viene ante esta observadora, que disfruta de la primavera propia y ajena como un estado de ánimo, porque no siempre va a ser primavera en el Corte Inglés..

miércoles, 15 de marzo de 2017

El año sabático


Un año sabático que da para muchas cosas, sobre todo para recuperar el tiempo perdido, que nunca lo es. Mucho ha llovido desde aquel mes de marzo del 2006, donde decidí sacar fuera todo lo que dentro me golpeaba. Ahora me ocurre al contrario, necesito guardar dentro todo lo que me ocurre fuera, que es mucho. Sigo observando la vida pasar con pasión y con algo más de prisa, mientras la poquísima gente de mi alrededor sigue preguntándome cuando duermo. Me enamoré de la vida, aunque a veces duela, de Valle Inclán, quien ocupa el fondo de pantalla de mi ordenador y del viento, que se llevó de mi vida todo aquello que me sobraba. La dama ya no se esconde, demasiada gente me sigue llamando así cuando me ve por la calle y eso, es  motivo de sobra para volver a esta bitácora de lo cotidiano, lo especial, lo que atrae a las historias que me piden ser contadas. Quien guste, que me lea, colaborando a seguir haciendo real ese mágico efecto de provocar la catarsis que es escribir para desconocidos en este blog que ya, cumple diez años. Nada hace más feliz a esta soñadora de azoteas, filóloga en proyecto, rockera de barrio, bética y ciclista urbana que poder escribir, porque las letras encadenadas son la verdadera libertad para aquellos que solo sabemos encontrarnos bien por escrito.
Sed bienvenidos.

lunes, 18 de abril de 2016

La dama se esconde



Dejo mi ropa de dama en el armario y me visto de Reyes, y dejo este rincón donde ya, nada se esconde. Esto es un adiós que quizás, maquilla un hasta luego, que diría Sabina.
Fue un placer escribir, máxime hacerlo para que alguien leyese, y aún mejor que compartiese lo que sentía, ya fuesen historias reales o imaginadas.
Gracias a todos por vuestra complicidad, y por ayudarme a ser tan feliz haciendo lo que más me gusta, escribir.

jueves, 26 de febrero de 2015

El dependiente


Llevo varios días intentando escribir una entrada sobre algo que me pasó hace poco, pero solo me sale dejar por escrito lo que me duele tener que sacar a alguien de mi vida. Y una vez hecho, porque ya está hecho, ya que se acaba de quedar en esa frase, recurriré a la entrada, y a la música, que es lo único que verdaderamente permanece sobre las personas, y su autenticidad o su falsedad.
Buscaba un regalo especial de cumpleaños para alguien todavía más especial. El día comenzaba y yo iba directa a esa tienda de la calle Amor de Dios donde venden camisetas alucinantes de grupos musicales, la misma donde encontré de casualidad, mi joya de Led Zeppelin que todo el mundo confunde terriblemente con los Beatles y que tanto me gusta. Me esperaba el fascinante mundo del Renacimiento Literario Español en una clase maravillosa, otra de tantas, e iba con el tiempo justo. Amarré la bici en una señal de ceda el paso y me di una vuelta para que el dependiente, que no era el de siempre, y quien ya de por sí me cedió el paso, no me viese esperar cómo levantaba la persiana metálica y mucho menos, cómo le miraba hacerlo. En la esquina me encontré con alguien, que me facilitó la espera y la mirada de remanguillé, con quien mantuve una conversación trivial de unos diez minutos, tiempo suficiente para que en la tienda, que ya estaba abierta, se colase el primer cliente. Nada más poner un pie en su interior me sorprendió ver al fondo la camiseta que estaba buscando, una música maravillosa y el dependiente, como perfecta ilustración de todo lo que estaba viviendo. Camisa de cuadros, barbas, argolla, bigote, ojos claros, coleta larguísima y un cierto parecido a la estética sureña y rockera de los "Allman Brothers".
Le miré, como yo miro cuando quiero mirar cuando yo quiero mirar, y le pregunté por la talla de una camiseta donde Silvio, desafiante, miraba con su cigarro omnipresente. Me miraba, le miraba, y Silvio asistía ajeno a todo mientras de fondo se colaba una música que nunca antes había escuchado.
En el mostrador, mientras me miraba, y yo le miraba, hablábamos de quien sonaba, cuya portada me mostraba, en blanco y negro;

- Me recuerdan a alguien...
-  A los Allman Brothers, quizás?
- No, son como más auténticos. Es un grupo que sobrevivió a esa época, como eternos hippies ...

Y cuando mencionó su nombre, Grateful Dead, yo recobré la memoria, y me sonreí pensando en las cosas que me pasan dignas de ser contadas. En el ticket llevaba el nombre del grupo, que no eran los Grateful, del disco, y de una canción que ya, va a unida a un momentazo de mi vida, "Smoke big factory", The Guess Who, disco "Rockin".
Al despedirme, con una sonrisa alucinante, me deseó un buen día, porque empezar un día con una buena canción, ya era muy importante, y no sabía la razón que llevaba...