Os deseo, con esta canción, que este año venga lleno de cosas buenas y salud para todos.
Me piden una entrada sobre un final y sólo me viene a la memoria el final de una de mis películas de culto. En ella, se habla de soledad elegida, del derrumbamiento de un hombre que ante la pérdida de un hijo, se rompe en pedazos. Habla de segundas oportunidades y de lo difíciles que son las relaciones humanas. Cuando Macon (William Turner) se replantea su vida, como dice la canción de U2, ni puede estar con su mujer ni sin ella, lo mismo ocurre cuando aparece la extravagante criadora de perros. Esta película habla de que es posible reconstruir una vida gracias a dejarnos querer, de la necesidad que tenemos de que venga otra persona para sacarnos del pozo y que a veces, esa otra persona es quien menos te lo esperas. La última escena de esta película es el mejor final de todas mis películas de culto. Sólo ver sonreir a un hombre triste ante la mujer que lo origina, lo dice todo. Es el mejor final que podría tener.
Precisamente cuando me debatía entre el seguir soñando o bajar de las nubes, me encuentro con todo un regalo musical en esta catarsis tan fantástica que es escribir para desconocidos. Esto, curiosamente, ya me lo habían dicho una vez, y curiosamente, vuelve Triana a ponerle sentido a todo. Es lo que tiene cumplir setecientas entradas y que yo sea la elegida en pinchar sobre el ratón para nutrirme de sabiduría musical. Como si me hubiese tropezado con una lámpara maravillosa y que al frotarla, se me hubiese aparecido el genio Carrascus pidiéndome un deseo musical. Por ello, y como privilegio exclusivo, se me concedió uno, " Díme un grupo y te dedico un post para ti". Como no podría ser de otra manera elegí Triana, y éste es el resultado. Seguiré frotando la lámpara muchas veces más buscando canciones de cuello vuelto, como dice uno de sus habituales. Muchas gracias, genio Sr. Carrascus.
Claro que te reconocí, ¡cómo iba a olvidarme de ti! si marcaste ese gol ante el eterno rival a pase de Calderón dejando a Buyo como un camarón entre las redes de las porterías de un todavía Villamarín que se venía abajo contigo. Ese gol estaba para ti escrito en tus botas, porque el Betis tiene estas cosas, que un Domingo de ramos, Romo, marque el gol de la victoria cuando casi a la misma hora, la cofradía que tiene el Cristo del mismo nombre, Victoria, asome su cruz de guía a Sevilla desde una capilla cercana al estadio, es para guardarlo en el libro de oro del betico de verdad. ¡Claro que te reconocí nada más entrar en el autobús! ¡Tú eres Romo! Tú eras uno de los componentes de aquel Betis que más me identificó, porque en esa época era cuando yo más disfutaba de mi Betis, aunque Gordillo vistiese de morado para mi desgracia, Rincón, Perico Medina, Salva, Parra, Gabino, Casado, Chano, Ito, Hadzibegic, Quico...Ese Betis sigue siendo de los béticos, esos recuerdos de aquellos años no habrá nadie que nos lo arrebate, por mucha alimaña que se crea dueño de algo más que un equipo, y por eso, como no me ha dado tiempo a decírtelo, y estando todo el trayecto hablando contigo al lado de la máquina de bonobús, te lo digo desde aquí, gracias, Romo, por vestir la camiseta del Betis, sentir al equipo como lo sentías y sobre todo, marcar ese gol que al menos yo, nunca olvidaré.