miércoles, 18 de junio de 2014

Recuerdos de Praga


De Praga siempre me llevaré el recuerdo de La Línea. Tuve la inmensa suerte de conocer aquella ciudad dorada acompañada de un malagueño y un gaditano que a su vez, vivían rozando la frontera gibraltareña. Nadie sabe lo que me pude reir en aquel viaje, y la amistad que hicimos pese a estar tan distantes; las redes sociales, el teléfono, y algunas visitas a Sevilla, hicieron el resto. Su boda, tan diferente, tan sensible, tan original, con la música de Michael Bublé entre sorbetes de limón, la hicieron memorable, como mi baile por sevillanas, recordado inmerecidamente. Como también lo fue aquel día que fuimos a Gibraltar a comprar nada, pero si a meternos con los que ni eran ingleses ni eran españoles y hablaban como les daba la gana, y a planear una bajada al moro que nunca se llegaría a realizar sentados en una parada de autobús.
Ese día supe que podría ser la última vez que le viese, y así ha sido. No me ha dado tiempo de despedirme porque nunca pensé que se fuese a marchar tan rápido, y aunque ya no esté con nosotros, siempre le recordaré como la parte complementaria de Fernando, quien se queda solo rodeado de gente. Era la otra mitad, la noche y el día, la alegría de Fernando por el silencio de Grego, quien era el de las ideas, el conversador, el que te hablaba con sosiego y tranquilidad, el que sabía pasarlo bien y beberse la vida a sorbos.
Ahora ya no está entre nosotros, en una cala de Punta Paloma descansará para siempre, aunque para mi, siempre estará en el Puente sobre el Moldava, aquella vez que les vi besarse y me pareció el acto de amor más hermoso del mundo.

Para Grego, con todo mi cariño.

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